viernes, 20 de agosto de 2010

"...El Destino..."

Quizás no sea la última vez que reflexiono, un poco, acerca de este tema. De ahí la entrada que llevo a continuación.

Dicho “destino” lo encaro desde dos vertientes. Por un lado me pregunto que es lo que me ha llevado a ser lo que soy, mientras que por otro lado pienso que camino futurible coger para llegar a un confortable destino, a la vez que anhelado.

Tal vez lo más influyente a lo largo de mi “no” dilatada vida haya sido mi entorno familiar y mi grupo de iguales.

Los primeros por norma general son los que actúan como protectores de uno, los que se supone que van a dar la cara por ti, aquellos a quienes importas realmente, seres que deben de inculcar valores cívicos. Es decir, aquellos que quieren lo mejor para ti y que curiosamente ese “mejor para ti” no suele estar relacionado con aquello que te hace feliz.

Los segundos son aquellos con los que te identificas, con los que uno descubre las inquietudes de la vida, con los que puedes “madurar” sin auxilio paternal, con los que la palabra “felicidad” se hace algo cotidiano, con los que luchas por no ser menos, con los que te sientes valorado y un sin fin de “historias” más.

La suma de estas dos mini-vertientes dan como resultado lo que uno es a día de hoy, generoso, constante, práctico, iluso, protestón, afable, ambicioso, directo, realista, disciplinado, voluntarioso, tímido, soñador, etc.

Por otro lado, el primer paso para la mejora como persona es reconocer aquello en lo que uno no está del todo acertado y, por consiguiente, falla. Este es el punto de partida para conseguir llegar al destino final, al cual podemos denominar como “equilibrio emocional”.

Si a ese primer reconocimiento se le añade fuerza de voluntad y afán de superación puede que se consiga un camino por el que andar con una base estable y sólida. Pero para ello es necesario contar con un optimismo mental interesante a la par que eficiente.

Indudablemente, todo aquello que ha influenciado con anterioridad lo va a seguir haciendo en la actualidad, pero quizás con un matiz diferente, ahora uno es capaz de afrontar con mayor solvencia cualquier tipo de crítica, ya sea destructiva o constructiva.

Cada día que pasa es un “pasito” menos que dar hasta dicha cima.

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