martes, 24 de agosto de 2010

"...return..."

Hace poco que he reanudado la vuelta a mis “entrenos” y la verdad que veo cierto parecido entre esta situación y la que suelen vivir aquellas personas que se están enamorando.

Pasan los años y por mi cabeza prácticamente pasan las mismas sensaciones y emociones. Lo primero de todo es calcular que día es el elegido para la primera cita. Una vez que queda fijada en el calendario, y mira que es algo usual, lo único que hago es darle vueltas al asunto e imaginar cómo será dicho momento.

El cosquilleo estomacal suele algo común en mí, en estos casos. La incertidumbre sobre si estaré a la altura de las circunstancias mi principal pensamiento. El desvelo ajetreado en la noche y la inquietud física es proporcional a mis ganas.

Llega el momento, a lo lejos observas tu realidad y te pones “manos a la obra”. Los primeros cinco minutos suelen ser dubitativos, pero una vez que pasan y las aguas vuelven a su cauce, la sensación mental es de tener el “tema”, dentro de la medida, controlado.

Toda precaución es poca, eso sí, la sensación de agradar y la soltura algo que aumenta conforme pasan los minutos. La felicidad por recuperar sentimientos pasados a través de una nueva experiencia se desborda. Lo vivido es similar a lo que necesitas para desahogarte. El sentirte identificado e importante lo que te llena.

Finalmente acaba todo con un buen sabor de boca y con una sonrisa de oreja a oreja, sabedor de que el primer “match ball” ha sido salvado, deseoso de repetir, ansiando la vuelta.

viernes, 20 de agosto de 2010

"...El Destino..."

Quizás no sea la última vez que reflexiono, un poco, acerca de este tema. De ahí la entrada que llevo a continuación.

Dicho “destino” lo encaro desde dos vertientes. Por un lado me pregunto que es lo que me ha llevado a ser lo que soy, mientras que por otro lado pienso que camino futurible coger para llegar a un confortable destino, a la vez que anhelado.

Tal vez lo más influyente a lo largo de mi “no” dilatada vida haya sido mi entorno familiar y mi grupo de iguales.

Los primeros por norma general son los que actúan como protectores de uno, los que se supone que van a dar la cara por ti, aquellos a quienes importas realmente, seres que deben de inculcar valores cívicos. Es decir, aquellos que quieren lo mejor para ti y que curiosamente ese “mejor para ti” no suele estar relacionado con aquello que te hace feliz.

Los segundos son aquellos con los que te identificas, con los que uno descubre las inquietudes de la vida, con los que puedes “madurar” sin auxilio paternal, con los que la palabra “felicidad” se hace algo cotidiano, con los que luchas por no ser menos, con los que te sientes valorado y un sin fin de “historias” más.

La suma de estas dos mini-vertientes dan como resultado lo que uno es a día de hoy, generoso, constante, práctico, iluso, protestón, afable, ambicioso, directo, realista, disciplinado, voluntarioso, tímido, soñador, etc.

Por otro lado, el primer paso para la mejora como persona es reconocer aquello en lo que uno no está del todo acertado y, por consiguiente, falla. Este es el punto de partida para conseguir llegar al destino final, al cual podemos denominar como “equilibrio emocional”.

Si a ese primer reconocimiento se le añade fuerza de voluntad y afán de superación puede que se consiga un camino por el que andar con una base estable y sólida. Pero para ello es necesario contar con un optimismo mental interesante a la par que eficiente.

Indudablemente, todo aquello que ha influenciado con anterioridad lo va a seguir haciendo en la actualidad, pero quizás con un matiz diferente, ahora uno es capaz de afrontar con mayor solvencia cualquier tipo de crítica, ya sea destructiva o constructiva.

Cada día que pasa es un “pasito” menos que dar hasta dicha cima.

martes, 10 de agosto de 2010

"...en busca de..."

Reflexiones que lleva uno a cabo durante mucho tiempo, y que dan bastante que pensar, hacen que lleve a cabo la siguiente entrada.

Lo más seguro es que en la actualidad el alcance del equilibrio físico y por consiguiente su bienestar no sea una tarea ardua en mi devenir diario. Es algo que creo tener altamente controlado, con las salvedades de ciertos momentos determinados en los que el organismo denota una cierta tensión que se sale de lo normal y por ello debemos de aplicar lo que todos conocemos como descanso.

El problema radica cuando se necesita como algo esencial e imprescindible aspectos como la armonía y el equilibrio emocional. Quizás, tras una conversación halagüeña con alguien de confianza, si es que existe dicho ser, uno pueda encauzar su camino. Pero claro, para ello, es importante que la sensación tras susodicha conversación no sea la de sentirse vano. Es decir, ¿cómo encuentra uno estabilidad si por muchas o pocas que sean las ayudas que recibe o que dispone tiene una sensación interior de vacío? Esta es una de las preguntas que me planteo en la actualidad y a la cual no le veo respuesta a día de hoy.

Si divido el equilibrio emocional en dos partes siendo una de ellas la estabilidad de poseer aquellos bienes materiales que uno considera necesarios para ser feliz y por otro lado la firmeza de sentirse querido, valorado, necesario e importante para alguien, llego a la conclusión de que todo aquello que me rodea en la actualidad me da estabilidad y me aporta tranquilidad. En cambio, puede que sea cierto que en un mundo tan grande como este haya algunos/as que otros/as que valoren el cómo es uno, pero no tengo tan claro, directamente lo dudo, que haya gente que me pueda considerar y hacer sentir importante.

¿Es un problema de apreciación emocional de la gente o es que uno tiene una coraza demasiado grande y ancha?

Sea como fuere y pensando con positividad creo que cada minuto que pasa es uno menos para que haya un giro de ciento ochenta grados en dicha situación, haciendo con ello de este bosque una pradera.

“…el problema no radica en la compañía diaria sino en el vacío que se siente cuando finaliza el día…”

martes, 3 de agosto de 2010

"...humildad..."

La siguiente entrada he decidido escribirla sobre un valor que considero fundamental en todo aquello que acometo a diario. Para mi es una pieza clave a la par que imprescindible.

Sin usar el diccionario, diría que es aquel valor, que posee mucha de la gente que me rodea, por el cual percibo el buen hacer en cada uno de sus actos sin que en ellos haya afán de protagonismo, lucro, arrogancia o prepotencia. Así como me dan a entender que son seres normales, los cuáles actúan desde el corazón.

Este valor es probablemente el primero que pasa por mi cabeza antes de llevar a cabo cualquier peripecia, otra cosa es que sepa trasmitir con dichos actos el mismo. Por ello siempre rondan en mi cabeza las siguientes preguntas: ¿Es posible ser humilde? ¿Y trasmitir humildad?

Tanto para la primera como para la segunda pregunta que me planteo pueden existir varias vías (distintos puntos de vista) que faciliten dichas respuestas. Para la primera creo que sí, que es posible ser poseedor de dicha palabra como adjetivo calificativo, pero con un gran matiz, dicha persona jamás suele creer que es poseedor de la misma. En relación a la segunda, creo que está íntimamente ligada con la primera, es decir, algo que no se es no se puede trasmitir.

En definitiva, diría que es algo sobre lo cual no se debe de alardear, ya sea en público o en privado, y que va dentro de cada uno.

Quizás todo aquel que lea mi blog pueda aportarme su visión particular sobre tan apreciado valor.