El transcurrir de semanas me ha hecho concretar mi futuro reciente. Ni la más exhaustiva planificación ha conseguido impedir el cambio que venía asomando a lo lejos. Sé que a nadie le gusta una tormenta, pero es cierto que todos estamos de acuerdo en que el agua siempre viene bien.
No es algo fácil de digerir, dado que el inicio de temporada era halagüeño a la par que optimista. Pero la limitación temporal a la que me veo enclaustrado hace que dicha decisión sea irrevocable.
Por un lado es un riesgo grande, dado que tenía puesto mis cinco sentidos en volver a ser el que fui, que no es poco. Y mi convicción era la apropiada para conseguir tal logro. Pero por otro, se me presenta una oportunidad de esclarecer mi futuro dotándolo de equilibrio y dejar a un lado la austera precariedad que me envuelve a día de hoy.
Pese a que los días pasan con lentitud, se que estos 7 meses desfilarán con una gran rapidez.
Hace un tiempo prometí hacer de la constancia la mayor de mis virtudes, y por suerte o desgracia deberá ser así. Con la salvedad de que mi alianza con ella era a nivel deportivo. Ahora, no queda otra que cambiar de rol.
No es fácil sacrificar tu estilo de vida por ser alguien de provecho, pero ya va siendo hora. No podemos vivir del aire. Es época de cambio. Tal vez el día de mañana obtengamos los frutos merecidos.
Simplemente es cuestión de que pasen los días y valorar lo acontecido desde otro punto de vista, sacándole el mayor de los jugos al nuevo presente.
“…no es un hasta siempre, sino un hasta luego…”
