Con el pasar de los años el ser humano tiende a madurar, no sólo en su actitud, sino también en su forma de entender la vida y, por consiguiente, en aquellos objetivos que visiona y prentende alcanzar.
Tal vez creo que esto es lo que me ha pasado a mí en estos últimos 10 meses. Sin saber el por qué del asunto dejé de encontrar alicientes y objetivos suculentos y apetecibles para seguir entrenando con garantías a una mejora personal.
El nuevo viaje que emprendí fue el de ser formador. Siendo un gran desconocido en este punto de vista del atletismo, puse todo mi interés en coger lo bueno que me aportarón mis profesores, que no fue poco. Y tras un periplo de una más que dudosa incertidumbre, una serie de seres me dieron la oportunidad de intentar poner en marcha mi ideología como entrenador, sin el medio a ser los " conejillos de indidas " de alguien bastante verde en el tema. Hasta el punto de idolatrarme y venerarme de manera inmerecida.
Quizás todo aquello que recibo y que me congratula a nivel emocional es lo que hace que a día de hoy preste más atención a esta actividad, la cual no me repercute ningún tipo de remuneración económica, que a lo que viene siendo mi trabajo en sí.
No cabe duda de que poder emprender un proyecto y ser uno quién maneje el timón es algo emocionante. El sentirse a gusto consigo mismo a la par que sabiendo que los demás difrutan con ello es prácticamente a lo más que puedo aspirar como persona, y de momento espero ir por el buen camino.
Aún así:
"...hago de cada crítica que recibo un objetivo a superar, así como de cada alago con el que me cortejan una llamada de atención..."



